Submundo, Don DeLillo

LAS ÚLTIMAS CINCUENTA páginas adquieren la misma intensidad que las cien primeras, las setecientas de en medio fluctúan.

“Habla con tu misma voz americano, y en sus ojos se detecta un brillo que siempre resulta esperanzador.”

Especialmente inspirada y lúcida es la voz del protagonista y narrador, Nick Shay, cuando es adulto. Una voz monólogo, reflexiva y divagatoria, circunscrita de solemnidad mal encubierta sobre un fondo átono, insensibilizado, escéptico, áspero y cínico que concluye:

“Añoro los días del desorden. Los quiero de vuelta, esos días en los que me encontraba vivo sobre la tierra, estremecido en el interior de mi piel, despreocupado y real. Era todo músculos y nada de seso, feroz y real. Eso es lo que anhelo, la ruptura de la paz, los días del desorden en los que recorría calles y hacía las cosas sin pensar y me sentía constantemente colérico y dispuesto, como un peligro para los otros y un misterio distante para mí mismo.”

Los días de la infancia escuchando partidos de los Dodgers en la azotea,y la juventud pendenciera por las calles del Bronx, el adulterio, el homicidio involuntario y el correccional de los jesuitas, la desaparición repentina del padre o la falsa ilusión de una muerte dramática a manos de la mafia, el hermano superdotado, el bullicio italoamericano en los traspatios y, sobre todas las cosas, la pelota de baseball golpeada por Bobby Thomson, el legendario home run de los Giants de 1951, perseguida y deseada como un mausoleo a la propia decepción, el orgullo del fracaso particular en forma de pelota inalcanzable. The shot heard round the world.

Submundo es una novela ambiciosa, abarcativa y totalizadora. Se remonta desde el filo del siglo XXI hasta la década de 1950 y el inicio de la guerra fría. Centrada en la historia personal de Nick Shay, a la vez es crónica política y social de la segunda mitad del S. XX. La novela es la vida de un hombre tomado como ejemplo o excusa para diseccionar otras muchas cosas que sobrepasan la humilde extensión de un solo individuo y convergen en la globalidad. Nick Shay no es paradigma ni excepción de nada, solo un tipo más al que asomarse para mirar lo que pasa, tan válida o errónea como otra opción cualquiera. A través de secretos inconfesables e inhóspitos rincones de consciencia individual DeLillo partirá de excursión hacia lo universal colectivo, iluminando los velados y abyectos propósitos de posguerra mundial como la experimentación armamentística nuclear. Entre el numeroso caudal de voces que hablan y cuentan su historia particular el autor busca una, única y definitiva que represente a todas, y junto a esa voz concomitante desvelar, como digo, los secretos de esos momentos históricos, políticos y personales de los que no se puede hablar, esos secretos a los que no se puede acceder. La tremenda osadía de esta novela, acaso de las más grandes que un narrador pueda y deba cometer, consiste en darle voz a  alguien que hable por todos y resulte verosímil. Conseguirlo o no es otra historia.

Publicada poco antes de la sicalipsis del año 2000, Submundo hurga en el engranaje carnoso de la cultura popular conectándola con mecanismos invisibles o entrevistos del purulento poder estatal abriendo un arriscado sendero difícilmente transitable. Entre la breña se filtran con dificultad los rayos de sol, pero ¿quién dice que el camino hacia el conocimiento esté sembrado de rosas? En una era dominada por la información, la tecnología y el miedo a la muerte física y espiritual, donde la discontinuidad sustituye al discurso lógico y al sentido de la vida, Submundo se organiza en torno a la basura.

El mundo se ha poblado de mierda y ahora alguien debe gestionar su utilización, almacenaje y eliminación. El reciclaje de los desechos será la metáfora utilizada por DeLillo, de esta imagen tan gráfica se destilará el aromático axioma del libro, la creencia de que una sociedad capaz de producir tantos desechos, incluidos los morales, no sólo los físicos, está funcionalmente incapacitada para sobrevivir junto a ellos, urgiendo a la gente a construir una civilización contigua como defensa ante una amenaza que, siendo incapaces de eliminar, o reutilizar, o reprocesar se acumula y extiende, forzándonos a desarrollar lógica y rigor, investigaciones sistemáticas de la realidad que nos acercarán a las ciencias y al arte. Un viaje inverso que nos lleva del desecho al origen. También así será la estructura narrativa de la novela, de delante hacia atrás. Salvando un magnífico prólogo nos sitúa en 1992 y de ahí los personajes y los hechos van descumpliendo años hasta 1951. Se revelan hacia el origen, no desde él. La información se nos dosifica severamente y ésta se va engrosando y completando a fuerza de reiteraciones cometidas por los personajes a una edad más joven. Complejo y no del todo eficaz pero arriesgado y valiente. Los adultos reflexionan en largos y enrevesados monólogos, mientras que esos mismos personajes mucho más jóvenes se limitan a actuar. El empuje juvenil sucumbe ante el circunloquio cobardón del adulto.

El mundo moderno está construido con materiales de desecho, nos viene a decir. Una basura que se acumula y estratifica en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, desde la alta política, a las barriadas marginales de los grafiteros quinquis, los yonkis, y los desheredados. Acerquémonos entonces al origen de esa basura y nos aproximaremos al origen de nuestro mundo, a los barros iniciales que nos trajeron estos lodos de hoy.

Los personajes se suceden estableciendo no un collage sino una refracción catadióptrica de hechos dispersos cronológicamente unidos por una lógica conceptual de razonamientos, sugerencias, emociones, recuerdos y digresiones entremezcladas que van dilucidando armoniosamente el presente, adquiriendo cierto sentido genérico la estructura utilizada en la novela. Grandes y pequeños sucesos ocurren sin gradación alguna, la Guerra de Corea, Vietnam, asesinatos locales, la búsqueda anónima de una pelota de béisbol, infidelidades conyugales, anodinos artistillas del Village, provectas monjas benefactoras, charcuteros italianos, camareros, salas de billar, ajedrecistas deprimidos…, un submundo de afectos y efectos en efervescencia continua aderezado con personajes reales como J.Edgar Hoover o Frank Sinatra, propio de los posmodernistas en su conjura contra la ficción canónica. Pero DeLillo aquí nada con autoridad entre dos corrientes, la estructura audaz de la novela y algunos resabios estilísticos grandilocuentes le acercan a su vena posmoderna, y la contención y exigencia de verosimilitud le arriman al realismo caudaloso tradicional americano.

La proximidad de su lectura me impide aseverar que Submundo sea un rotundo e imperecedero monumento capital de la literatura del siglo pasado, la integración de vida personal y disertación histórico social a la larga ha producido valiosísimas obras de aliento descomunal, no obstante, ya siento bullir dentro de mi cabeza el runrún complacido que sólo desata lo memorable y lo que tiene afán de permanencia. Esta novela ganará mucho con el tiempo. Es una impresión personal que me apetece decir ahora mismo.

“Y, pensándolo bien, el siglo final no será el más refinado, ni siquiera el más complicado, sino el más apresurado, aquel en que, disuelto el ser en el movimiento, la civilización, en un supremo ímpetu hacia lo peor, se desmenuzará en el torbellino que suscitó.”    -E.M.Cioran-

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3 pensamientos en “Submundo, Don DeLillo

  1. Mitrofán

    Ahí está. Underworld , Submundo , quizá debiera haberse llamado Sumidero , Gutter en inglés . Allá dónde van a parar las vísceras , los despojos . Esta cita final de Cioran ; ¿ sería mucho atrevimiento o molestia requerirle , Sr. Lupo , en qué libro figura ?

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