Todo lo que era sólido, Antonio Muñoz Molina

ffff

EL ESCRITOR  de la solapa lleva la cara emboscada por una barbaza agreste y sólida, ubetense, que le endurece las facciones y disipa las analogías juveniles con aquellas criaturas de José Luis Moreno, Monchito y Macario. La edad le está yendo bien al rostro que se ha librado de la prosopopeya del bigote optando por el desabrimiento de la barba entrecana y su eficacia para producir circunspección.

Antonio Muñoz, después de adecuar al fin su fisonomía al tono de sus libros, viene a afearnos la socialdemocracia y la españolidad, nos suspende en regeneracionismo y en previsión de gastos, y nos echa una tercera llave al sepulcro del Cid, fíjate tú, nosotros que ya no recordábamos dónde habíamos puesto las otras dos, y para colmo nos castiga sin postre.

Por esos días que nos dice, Antonio Muñoz estaba desterrado en las hemerotecas documentando los folleteos de Ignacio Abel y la bella Judith. Vivía entero para la obra, o sea por nosotros, y nosotros mientras qué hacíamos: negociábamos préstamos baratos para comprarnos casas muy caras, nos fundíamos el oro, nos comportábamos como vulgares adoratrices del coche del vecino. Derrochábamos. Nuestros alcaldes y concejales creaban áreas, patronatos, corporaciones, conmemoraban efemérides, expos, olimpiadas, copas américa, carreras de coches, motociclismos, qué sé yo, prolongaban las fiestas del Corpus, se daban corridas extraordinarias, se organizaban conciertos gratuitos de los artistas más cotizados. Allí donde antes imperaba la cautela de la gestión privada se impuso la prodigalidad pública, todo era júbilo entonces, alborozo, regocijo institucionalizado y esta ronda yo la pago. Dinero para lo accesorio y precariedad para lo fundamental. Pero Antonio Muñoz descendió del monte Sinaí con su obra terminada en las manos, La noche de los tiempos, y contempló estupefacto en lo que nos habíamos convertido. Renegó de nuestro pueblo y prefirió ser ciudadano. Frente a la tiranía de los vínculos espurios de la sangre eligió el formulario administrativo, el empadronamiento y el IRPF. Antonio Muñoz miró hacia atrás y no vio nada o no se acordó de nada, por lo que hubo de volver a las hemerotecas, esta vez no eran las fechas de la guerra civil las que buscaba, eran de apenas cinco años atrás, de dos mil siete. Miró y remiró y volvió a mirar aquellas montañas de papel quebradizo y amarillo y vio una metáfora de nuestra historia, de la tendencia innata de este país por autodestruirse, por desmenuzarse, por sabotearse. Comprendió y sufrió, y no sé si lloró Antonio, no lo sé.

De su experiencia como auxiliar administrativo en el ayuntamiento de Granada puede asegurar Antonio Muñoz que un funcionario no roba de por sí, que para ello necesita de la tentación instigadora del político. Cuando los políticos se adueñan de las administraciones eligiendo a dedo a sus cómplices en los puestos de libre disposición es cuando la rapiña adquiere su carta de naturaleza, acabándose así el sueño de un cuerpo de funcionarios bien formado, diligente, disciplinado y capaz, independiente del poder político. El nepotismo y el clientelismo se encargaron de finiquitar ese sueño. La administración, tan transparente entonces, fue engullida por la política, por la opacidad, los funcionarios perdieron independencia y quedaron supeditados al antojadizo sistema de recompensas y sanciones impuesto por los prebostes. Nuestra codicia nos hizo caer en los dominios del señor oscuro que nos condenó a recalificarnos hasta la tierra de las macetas y vendérselas a cambio de unas comisioncillas de medio pelo a una nueva gama de satanases travestidos de constructores. Ése fue el inicio del fin, después llegarían los madremías de hoy.

Aprovecha Antonio Muñoz para autosoflamarse y vindicar sus cosas al socaire de estas amonestaciones generales que nos hace con fluctuante severidad y empeño aleccionador. La democracia es un largo y costoso camino de aprendizaje, pone ejemplitos. Lo que mucho tarda en construirse rápidamente se viene abajo. No hemos valorado suficientemente lo que teníamos. Constancia y trabajo, trabajo diario, pero no, preferimos los sanfermines, la feria de abril y la tomatina de Buñol, la fiesta y el enriquecimiento rápido y efímero. Vindica su derecho a no ser andaluz, a no parecerlo, a ser un andaluz serio y no un estereotipo con barba y ceceo. Vindica también su derecho a joder la fiesta de los demás sin que por ello le llamen aguafiestas. Desconfía de la circularidad de los objetos y de algunas estancias, como el congreso de los diputados, que tanto le recuerda a una plaza de toros, emblema nacional de la persistencia en el atraso vendido como tradición. Nos enumera a los de siempre: Max Aub, Chaves Nogales y Arturo Barea como ejemplos de algo no demasiado bien explicado. Añade varias citas de Orwell y no sé si alguna de Virginia Woolf. Vindica la serena ironía y el hondo calado de Cervantes frente a las interjecciones y los retruécanos de Quevedo el cínico. Nos intercala entre vindicaciones y apercibimientos los lejanos ecos de su clandestinidad, que el hecho de estar vivos exige algo, acaso heroicidades, no todo va a ser pasearse por el Hudson. Su heroicidad clandestina fue estarse muy callado leyendo un panfleto comunista en casa de un amigo durante el paso de una procesión de semana santa en Mágina o Granada, no recuerdo. Ya se sabe, un héroe es el que hace lo que puede. Justifica sus residencias intercontinentales, su querencia a los viajes, a descubrir con ojos de niño cualquier insignificancia ridícula en los países en los que pernocta, mirada que de vuelta a España se le vuelve pitañosa y congestiva.

Y en este plan todo: España, aparta de mí este cáliz, niños del mundo, si cae España –digo, es un decir- id a buscarla, y cuídate España de tu propia España, cuídate de la hoz sin el martillo, cuídate del martillo sin la hoz, cuídate de la víctima, del verdugo y el indiferente. Y españolito que vienes al mundo te guarde dios…,paz, piedad y perdón.

Una selección de lugares comunes, trivialidades y cartas del lector escogidas resobadas e insuficientes. Un libro que destaca por su poquedad, y que probablemente no le correspondía haber escrito porque ya lo estaban escribiendo otros semana a semana en sus columnas de opinión mientras él se azacanaba en el Babelia por reseñarnos su última visita al Carnegie Hall  sopesando la preeminencia o la destemplanza de tal o cual orquesta sinfónica húngara.

No basta la buena intención, no basta el buenismo yuxtapuesto a la proverbial malafollá granaína, no basta llevar el New York Times y el New Yorker bajo el brazo para ganarse el respeto de los hechos, no bastan las hemerotecas para ganar veracidad, no basta una escritura sin ondulaciones, afilada y poco complaciente, para comprender el mundo. Tiene Antonio Muñoz la vida y la prosa tan ungida de instalada burguesía como para que venga a contarnos cuánto sufren los que sufren y le creamos. No basta desembarazarse de un aspecto poco propicio dejando atrás a Macario y Monchito si uno no ha sido capaz de deshacerse de la ventriloquía.

“Ventriloquía: esa facultad de modificar la voz de manera que parezca venir de lejos, y que imita la de otras personas”.

“Sartre ha conseguido escribir bien al estilo de Heidegger, pero no al estilo de Céline. La falsificación es más fácil en filosofía que en literatura. Ese ambicioso que se imaginaba que bastaba con querer para tener talento ni siquiera ha logrado dar la ilusión de la profundidad: cosa muy fácil para todo filósofo que hace una incursión en las letras”.       -E.M.Cioran-

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7 pensamientos en “Todo lo que era sólido, Antonio Muñoz Molina

  1. julianbluff

    Bonísima prosa.

    En cuanto al fondo, no me parece mal lo que ha hecho Múñoz Molina. En España jamás está de sobra remarcar lo obvio y que lo haga un académico de la lengua que, además, es premio Cervantes me parece algo muy digno por su parte. “El que este libre de pecado que tire la primera piedra”.

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  2. julian bluff

    Este es un país en el que nadie de los que se lo han montado tiene la humildad, y el buen juicio, de reconocerlo. MM lo ha hecho. A lo mejor de una manera tibia, ambigua… pero lo ha hecho. De ahí esa unanimidad a la que aludes. Un abrazo!

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    1. michelstaedter Autor de la entrada

      Conocerás el artículo que enlazo, pero es que es muy certero. No creo que “de los instalados” Muñoz Molina haya sido el único y el primero en “vocear”, es más, creo que algunos sólo se dedican a eso (Millás, Vicent, Rivas…) El libro se ha lanzado a propósito para rellenar un vacío temporal ya bastante amplio desde la publicación de “La noche de los tiempos” y los cuentos completos, además del desahogo y la buena conciencia que le habrá proporcionado al autor por supuesto. Un saludo.
      http://elpais.com/elpais/2013/03/05/eps/1362508930_860764.html

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  3. Quintín Noriega

    “¡Oh pícaros de cocina, sucios, gordos y lucios; pobres fingidos, tullidos falsos, cicateruelos de Zocodover y de la plaza de Madrid, vistosos oracioneros, esportilleros de Sevilla, mandilejos de la hampa, con toda la caterva inumerable que se encierra debajo deste nombre pícaro!, bajad el toldo, amainad el brío, no os llaméis pícaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes. ¡Allí, allí, que está en su centro el trabajo junto con la poltronería!”, de “La ilustre fregona”.

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  4. Mc

    Lúcida crítica !! me encanta cuando das caña !! Te sigo intermitentemente desde hace unos años. Siempre una fuente de inspiración. Tu blog mejora como los buenos vinos.

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