Tres noches, Austin Wright

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ESTE LIBRO VIENE con faja laudatoria y contrapasta apologética. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces dos: Saul Bellow y Ian McEwan.

Bellow la considera una obra maestra y el otro no sé qué la considera pero también la considera algo o sea.

La novela se publicó por primera vez en los Estados Unidos en 1993, su título original es Tony and Susan, aquí y ahora se lo han cambiado por el de Tres noches, vaya usted a saber por qué o por qué no. Del autor nos hacen saber que nació en Nueva York en 1922, fue profesor de literatura en Cincinnati, escribió siete novelas y algunos ensayos, y murió en 2003. Así, sucinto. Una foto nos lo enseña a una edad imprecisa; frondosas y circunflejas cejas oscuras y pelo blanco, boca grande, labios finos, nariz totémica, el rostro levemente inclinado y apoyado sobre la mano derecha, denotando una complacencia escéptica sobre la digna pose senatorial.

La novela tiene una estructura semejante a la última publicada por Rafael Reig, Lo que no está escrito (https://lahoradellobo.wordpress.com/2012/10/21/lo-que-no-esta-escrito-rafael-reig/). Digo semejante, no sospechosamente semejante, que es lo que mi maledicencia congénita me hubiera tentado a decir. En cualquier caso, Tres noches es una buena novela y Lo que no está escrito es otra novela más.

Susan, una mujer de mediana edad confortablemente instalada en segundas nupcias con un cardiólogo bastante lerdo, recibe por sorpresa un manuscrito de su primer marido pidiéndole que lo lea y le dé su opinión en vista a un presumible encuentro con él unos días después. La novela se llama Animales nocturnos, la firma Edward Sheffield y retrata la desafortunada peripecia de una  familia asaltada de noche en la autopista, obligada a salir del coche por tres hijoputas mientras el marido contempla petrificado el rapto de su mujer y su hija que encontrarán muertas unas horas después en un bosque cercano.

Tres noches despliega una sencilla historia inicial con gran vivacidad rítmica, un lenguaje contenido y ligero que entrelaza diálogos cortantes con ágiles narraciones de situación entreveradas con el estado anímico de los protagonistas. Muy pronto conectamos con la historia, como si en lugar de desencriptarla en el cerebro a través de la lectura la estuviésemos viendo en una pantalla. Esa inmediatez casi fílmica o televisiva unida a la consecuencia dramática polarizada en héroes y villanos algunos lo llaman thriller.

Estupor, consternación e indignación serán las primeras sensaciones que Susan advertirá tras la llegada de la novela. ¿Por qué a mí, después de tantos años? Se preguntará recelosa. La absorbente lectura del texto se irá intercalando con las impresiones de Susan sobre su pasado. Se relación con Edward, la evocación de su carácter y los motivos de su divorcio. Una parte de su vida que Susan creía tener a buen recaudo y convenientemente aislada en los altillos de la memoria y que ahora, sumergida en la lectura, reaparece trayéndole agitados reverberos de insatisfacción conyugal y frustración existencial.

La novela que con desenvoltura nos dirige en un primer momento hacia un crimen atroz, durante su desarrollo va tomando espesura y complejidad, va llenándose de encrucijadas, abundándose de bifurcaciones, poblándose de disyuntivas, y todas esas alternativas atañen a posiciones morales y a modos de conducta. Ética y moral es el trasunto de la novela, y no el eufemismo para subnormales llamado thriller psicológico.

Se va haciendo novela al narrar, incluyendo en ella como piezas decisivas para el funcionamiento preciso del artefacto las aportaciones del lector, de Susan. La parte externa de la literatura, o sea el lector, aquí parece engranarse en el texto completándolo. El texto lo comienza el que lo escribe y lo termina el que lo lee podemos deducir, o simplificar vagamente que el lector hace al texto. Mucho esfuerzo emplea el autor en incidir sobre esta teoría, consiguiendo estimables resultados. La interconexión entre escritura y lectura fuera del perímetro de lo cognoscible, llevados ambos de la manita al único plano de la creación es manifiesta. Porque las emociones del lector también forman parte de la escritura qué cojones.

Todo escritor, por muy disimulado que aparezca, anhela conseguir una reacción en el lector. Edward ha dejado de ser el escritor frustrado de su juventud, hecho que propició su divorcio con Susan, y ahora es capaz de ofrecerla algo, un texto acabado. Se lo entrega a ella, la mujer que con despiadada crudeza lo juzgó incapaz de ser escritor, de no estar dotado para eso, y que además le fue infiel con un cardiólogo lerdo con el que terminó casándose. La novela parece ser una forma de venganza hacia Susan. Con ello quiere decirle: ¡tolle, lege, maldita zorra! Mira lo que he sido capaz de hacer. Y lo que ha hecho es una novela cojonuda que consigue su propósito: conmover a la zorra que lo despreció. Hacerla replantearse su pasado y considerar equivocadas muchas de sus decisiones, despreciar su adocenado presente y ponerle un oscuro velo de incertidumbre a su futuro.

Edward le demuestra a Susan que un canalla puede llevarse por delante a toda tu familia sin hacerte perder la elegancia y la cortesía, y que después de eso se puede follar uno a otras jóvenes y hermosas mujeres sin remordimiento, y aparentar que se ha superado el trauma sin romper demasiados cristales, sin dejar de ser lo que siempre se ha sido, un sinsangre tal vez, pero un sinsangre estremecido y honrado, capaz de dejarse matar antes de pegar un tiro a nadie, venciendo el odio y el vil afán de venganza, y entregarse generoso al justo y necesario olvido.

“Susan desearía no tener que estar siempre demostrando que es su capacidad de leer lo que la vuelve civilizada, pero hay cosas que la lectura de una simple novela no puede cambiar.”

“Me juzgarán por lo que haya escrito y no por lo que haya leído. Con demasiada frecuencia pierdo de vista esa verdad de Perogrullo. Siempre, después de haber devorado un libro, me atribuyo algún mérito.”  –E.M.Cioran-

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5 pensamientos en “Tres noches, Austin Wright

  1. Toni

    El líbro se publicó en los 90 (Ediciones Destino) en catalán y castellano, respetando el título original. En Estados Unidos se reeditó recientemente (supongo que a raíz de la muerte del autor) y, por supuesto, no cambiaron el título. Lo que han hecho nuestros editores suena a estrategia comercial: hacer pasar por novedad un libro que no lo es. O quizás pensaban que el titulo original de “Tony & Susan” podia inducir al argumento chico conoce chica, que, evidentemente no es.
    Sea lo que sea, ¿puede hacerse esto impunemente? o ¿como quedan los derechos de autor?

    Responder
    1. michelstaedter Autor de la entrada

      Hola Toni. Sabía del cambio de título, algo similar a lo que ocurre con las películas. Supongo que negociarán el cambio con el poseedor de los derechos antes de hacerlo. La novela ahora ha salido editada en Círculo de Lectores con las recomendaciones de Saul Bellow, Donna Leon y Ruth Rendell. Ojalá la gente conozca esta estupenda novela. Un saludo.

      Responder

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