España, Manuel Vilas

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UNA NOVELA es un libro donde pone novela. Si pone que es una novela, pues ya está, es una novela, no hay por qué darle más vueltas. El problema de las novelas no es el nombre, sino el apellido. Cuando una novela lleva patronímico malo: rosa, negra, amarilla, pastoril, fotonovela, histórica, metanovela, nouveau roman…

Ha dolido que España sea dicha como novela y no como cuentos de panllevar. Nos sigue doliendo España por cualquier cosa. España como problema es cuento largo, ahora, España como novela, ya no sé si alcanza para tanto. Tal vez le ocurra como a Madrid, que es un género en sí mismo. Si España tiene género de novela ése debe ser el rústico aragonés, dos gañanes con légamo hasta los jarretes breándose a garrotazos (me incomoda poner esta imagen del goyesco tardío porque me suena de habérsela oído a Pérez Reverte. También me suena de él, a propósito de España como problema, lo de la guillotina eléctrica en La Puerta del Sol, pero nadie tiene memoria impunemente, esto o parecido también es de otro)

Se nos dice en algún renglón de la contraportada que España, de Manuel Vilas, es una novela, y yo me lo creo, otros muchos se creyeron que España era una unidad de destino en lo universal y que volvería a amanecer.

Para mí, la novela España, no son varias decenas de cuentos cortos encadenados sin ton ni son, sin conexión destacable alguna entre ellos, en pos de una coherencia arbitraria, tal vez infusa, que unifique y dé significado global al libro, no. Para mí, España, de Manuel Vilas, es una congregación de revisiones historiográficas apócrifas de un suceso particular acaecido a un particular, o sea, un ¡viva la virgen del Pilar! o ¡ahí va el Ebro!

Esto de indocumentar la Historia de otros, para fabricarnos una historia a la hechura nuestra o de nuestra vanguardia, no me parece muy novedoso, nada de empezar a comernos las pollas, en absoluto, lo que sí tienen algunos capítulos es enjundia, una enjundia mollar, una franquía o totalidad baturra muy saludable y graciosa, espontánea y vasta, como una jota a destiempo.

En una de las historias de España, Juan Belmonte es representado como un catedrático de astrofísica invitado a dar una charla sobre el universo. Comenzada la intervención, el ponente empieza a renegar de la astronomía, ningunea el espacio, las teorías físicas, niega la existencia de la materia, se caga en los putos telescopios, insulta a Einstein, la teoría de cuerdas es el judaísmo de la ciencia dice, sus saberes y su reconocimiento quedan sepultados bajo la desesperación y la ira. Su mujer, consternada, llama a un íntimo amigo de Juan, se trata de Joselito El Gallo, y es encarnado por un profesor de física teórica. La mujer le cuenta a Joselito que su marido está de los nervios, que lleva meses así, e incluso ha tratado de suicidarse inútilmente. Pues bien, este relato, probablemente desapercibido para la inmensa mayoría de los lectores de este libro, me parece una de las metáforas más audaces que he leído sobre lo que significó la irrupción de Belmonte en el toreo. El giro copernicano que supuso su estatismo y la invasión de los terrenos del toro, frente al inmovilismo clásico compendiado por Gallito, creo que está fabulosamente bien trazado por Vilas, dándole a Belmonte el papel de genio enloquecido, y al Gallo, el nada casual rol de físico especulativo. Formidable.

Las cosas que ocurren se cuentan rápido y bien, descerrajando un tiro al más mínimo atisbo de onanismo morfosintáctico, se renombra mucho Vilas en el libro, se personajea y personajea a otros muchos señores, les baraja los nombres y apellidos para repartirlos por trozos entre los textos, pero todos son identificables y risibles.

Hay mucha España sin espinazo en España y mucha tamborrada resollando por Calanda, sarcasmo y surrealismo rezuma el libro a buñoladas, en los capítulos caben muchas insolencias y anfibologías, y los tabúes, de haberlos, los vuelve hábilmente convenciones infantiles, ya se hable de la ETA, de los cristos o de la ninfomanía, Vilas siempre tiene un Sr. Lobo a quien recurrir para adecentarnos los chistes.

España me fascinaba porque ofrecía el ejemplo de los más prodigiosos fracasos. Uno de los países más poderosos del mundo llegando a semejante decadencia.    -E.M. Cioran-

 

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3 pensamientos en “España, Manuel Vilas

  1. brux

    Luces de Bohemia; Escena Sexta, Max Estrella habla en el calabozo con el anarquista barcelonés: “Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol”. (1920)

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