The Master, Colm Tóibín

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PARA BORGES,  las biografías eran el absurdo ejercicio de la minucia. Algunas, consideraba, no eran más que un cómputo de cambios de domicilio.

A Henry James su lápida lo considera ciudadano de dos países, pero conoció bien algunos más. Cambió de país cuando, en cierto modo, hacerlo equivalía a cambiar de mundo. Se autotrasplantó del nuevo al viejo mundo vigorosamente, sin que su corpachón de nigromante sufriera menoscabo. Sobre las permutas geográficas del escritor también  habla este libro, pero no vamos a reducirlo a biografía porque es mucho más que eso. Si la biografía hace sus diligencias para historiar una vida, aquí lo que se procura y hasta se consigue es cartografiar un espíritu.

Henry James debía de tener un espíritu ancho y bonancible no exento de transitorias detonaciones de hosquedad. Un espíritu muy compuesto y remilgado, juicioso y mujeril, de delicado ocultamiento y restricción. Como si temiese que una palabra de más o mal entonada fuera a derribar el parapeto de su homosexualidad. Mariconería que muchos trocan eufemísticamente por ambigüedad, pero lo evidente y nada ambiguo es que a James le gustaban los hombres también de cintura para abajo. Así nos lo cuenta consideradamente una de las escenas del libro: la confusión, el asombro y el posterior regocijo emocional de James tras su primer encuentro carnal.

The Master es una refinadísima escenografía de momentos, arbitrarios, importantes de la vida de un escritor y de las consecuencias anímicas y artísticas que esos momentos provocaron en él. Así pues, Tóibín nos conduce de la causa al efecto sin quedarse encajonado en la asepsia fría de  los hechos –nada emocionantes por otra parte- librándonos del inane biopic de cinematografía que a lo más que alcanza es a recortar siluetas sobre fondo oscuro.

Nada de eso, The Master indaga en las motivaciones y las aprensiones de Henry James expuestas con un virtuosismo humillante, porque, como he leído por ahí a uno de los muchos escritores que han recomendado este libro, Toíbín nos sumerge en la conciencia misma de Henry James nada más comenzar el libro. Y así es. Desde la tercera persona memorial del narrador, se nos dicen los hechos y lo que se desprende de ellos con tanta  serenidad y falta de afectación que la novela –leída en español- ni siquiera parece estar traducida.

En los escasos cinco años en que se cifra la novela, a Toíbín le caben los más de setenta que vivió James. La particularidad es concebir el tiempo narrativo como un personaje más. Disponiendo de él a capricho, elongándolo, deteniéndolo o haciéndolo desaparecer mismamente sin brusquedades. Un tempo narrativo muy bien pulseado para que las digresiones biográficas no parezcan una interrupción y las demoras paisajísticas una contrariedad (pero una cosa es decirlo y otra es hacerlo bien. Javier Marías sabe cómo hacerlo bien), luego el cadencioso, monótono ritmo de la narración, como la ascensión de un puerto alpino (subir como enredando, le dijeron una vez al Jabato), sin tirones, sin alardes, dolorosamente fluido y hermoso. Esto ya basta para hacer del estilo (que si lo hay) un gran estilo, el lector, su sensibilidad, debe poner lo demás para reconocerlo como excelente, porque donde no hay sensibilidad no puede haber nada (ni siquiera lectura).

Algunos hechos son triviales y otros definitivos, sentimentales pero sin melaza, observados desde lo que podríamos llamar un distanciamiento interior: James no queriendo ir a la guerra civil americana, James no queriendo estudiar derecho, James no queriendo casarse con su prima, James no queriendo vivir más que en Londres y James arrepintiéndose de vivir en Londres y de no haberse casado con su prima. Entre unos y otros abundan acontecimientos de índole doméstica y numerosos de alterne social. El destierro en Inglaterra y su carácter cauteloso nunca privaron a Henry James de una abultada agenda social cortesana.

La añoranza de su prima muerta, el recuerdo de la muerte de su hermana, la evocación de una amiga voluntariamente caída desde un balcón…, numerosas mujeres jóvenes muertas en su vida que suscitan un dolor culpable del que él hace materia alimenticia para sus novelas, sus artículos, sus relatos, su dramaturgia. Toda la obra de Henry James parece gravitar sobre la conciencia de una mujer joven muerta o a punto de morir, una muerte que le ronda a una mujer. Sus novelas más codiciosas son a menudo presagios o asechanzas lúgubres, desamores resueltos en fatalidad previa vivisección anímica de la víctima.

Se conocen las discrepancias existenciales con su hermano psicoanalista , sus viajes por Europa, su preocupación por el éxito de ventas de su libros, la amistad con aquel joven escultor tan fornido. El artista ensimismado, prospector de genotipos humanos, también hace frente a la cotidianidad y encara – no sin fastidio- los conflictos que acontecen en el día a día menestral. Lo vemos combatiendo el alcoholismo de sus criados, resolviendo la compra de una casa en la provincia, eligiendo un tapiz en un anticuario, objetando a favor de la detención del crápula Wilde.., pues no todo va a ser desovillar la psicología de las damas.

No obstante, a pesar de la naturaleza feminoide que algunos le atribuyen, no carece de determinación y, llegado el momento de hacer la obra, escribe, si la mano no le duele, o dicta y dicta sin conmiseración a su amanuense hasta que el mundo deja de existir alrededor y se desvanecen los viajes, los recuerdos tristes, los convites, la correspondencia, palidecen los donceles, dejan de crecer las petunias en los parterres, se suspenden los deseos…

En la penumbra de la vieja casa de Lamb House Henry James está reinventando el alma de una mujer, o, simplemente, relee una vieja biografía de Napoleón.

“La música sólo existe mientras dura la audición, como Dios mientras dura el éxtasis. El arte supremo y el ser supremo poseen en común el hecho de depender totalmente de nosotros”.  –E.M.Cioran-

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4 pensamientos en “The Master, Colm Tóibín

  1. julian bluff

    “Si la biografía hace sus diligencias para historiar una vida, aquí lo que se procura y hasta se consigue es cartografiar un espíritu”.

    Esta frase, por si sola, ya vale un blog.

    Me ha gustado mucho la alusión a Marino Lejarreta ¿no serás Javier, no?. Probablemente… quedémonos con la duda, es lo que procede.

    Este libro sí que lo pienso leer. Y luego el de Lodge. Que tuve que devolver a la biblioteca, antes de terminármelo, porque me largaba de vacaciones ¡Gran escritor Lodge!.

    Así da gusto. Un grande la literatura. Unas alusiones convincentes. Y un post cojonudo. Cioran, como siempre, aunque si bien, esta vez, su frase de knock out, no se si es del todo cierta; a mi juicio, tanto en la música como en la espiritualidad caben las remomeraciones. ¡Chapeau!

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  2. nemonihil2

    Me crucé con este libro hace un par de semanas, en una de esas librerías de saldo donde van a varar los restos de los naufragios editoriales. Era –es– una hermosa edición de Edhasa, con su sobrecubierta en papel verjurado, su tapa dura, su buen papel y su acarreo de largas frases subordinadas, de esas que te dejan sin aliento si las lees en voz alta. Cinco euros me costó y brillaba como el oro al lado del la basura que la resaca había arrinconado allí. No tardará en caer; su reseña ya lo ha acercado a mi mesilla. Muchas gracias.

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    1. michelstaedter Autor de la entrada

      Un saludo nemonihil2. Curiosamente a mí me ocurrió lo mismo, solo que yo lo adquirí sorprendentemente en La Central de Callao y al mismo precio que tú indicas. Estaba todavía envuelto en su precinto de plástico y me entusiasmó el precio y la excelente edición de Edhasa. Una colección, la de la sobrecubierta de papel verjurado, con buenos títulos pero no precisamente barata. Desde entonces vuelvo a entrar cada vez que paso por allí por ver si doy con otra sorpresa, pero todavía no se ha vuelto a repetir. Seguiremos insistiendo. Espero que te emocione la novela tanto o más que a mí.

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      1. Willie

        Yo también lo adquirí de saldo, misma edición, en este caso en la librería París-Valencia al módico precio de 3,95 euros. Todavía no le he incado el diente.

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