Un momento de descanso, Antonio Orejudo

De Fabulosas narraciones por historias, leída hace muchos años, recuerdo cierto virtuosismo escénico, desenvoltura narrativa y desinhibición para pasarse por el forro personajes e instituciones sacralizadas. Hasta ahí todo muy seductor, pero lo más enérgico de esa novela era el continuo latido de injuria y vejación que exudaban los numerosos textos pornográficos y excrementicios. Luego el relato se achicaba progresivamente hasta desaparecer engullido por una trama infame, inverosímil y mal resuelta. Me pareció que el muchacho empezaba bien pero no remataba, le faltaba aliento, fondo, lo que en el toro se conoce como raza, que consiste en ir de menos a más.

Décadas después y recién cerrado su último libro sigo pensando lo mismo. Sigue igual de provocador y deslenguado, tan cínico o más, pero parece resentido, como si pusiera más énfasis en que se notara que escribe contra algo o contra alguien que en pergeñar y rematar con audacia la historia.

Aquel novillero que tantas expectativas suscitó por su desparpajo y su valor pasándoselos de rodillas bien cerquita todavía no se ha levantado y se ha puesto a torear con la mano izquierda. Lástima, Orejudo no se ha convertido en el torero largo que apuntaba sino en un maletilla de oro.

Él y Rafael Reig, junto alguno más, están resucitando el viejo y noble espectáculo del bombero torero, solo que no sé quién es el bombero y quién el torero.

Recordar una novela por su enérgico olor a lefa y a mierda no sé si es bueno o malo, pero al menos es algo, de Ventajas de viajar en tren leída a continuación de Fabulosas narraciones… no recuerdo absolutamente nada.

Un momento de descanso vuelve a brillar más por la procacidad y el empeño en resultar graciosa que por la espesura argumental. Incide Orejudo en la mala costumbre de joder a cualquier precio buenos comienzos con desarrollos y desenlaces disparatados.

Dos viejos amigos y compañeros de estudios se reencuentran en Madrid muchos años después del último contacto. Uno viene de Estados Unidos donde se casó, tuvo un hijo y ejerció como profesor de español en distintas universidades, asqueado y escarmentado por el malsano clima académico y el desamparo al que se somete a los profesores ante la acusación más irrisoria, acoso sexual y racismo fundamentalmente, vuelve a España deseando conseguir una plaza de catedrático en Madrid a cualquier precio. El otro es escritor de cierta fama y recrea sus inicios en el cuerpo de amanuenses y plumillas al concluir la carrera de filología, la convivencia en Nueva York con su reaparecido amigo, la redacción de sus tesinas apadrinados por un ilustre catedrático santo y seña de la renovación democrática de la universidad, y sus escarceos y deambulaciones por un mundo hostil que ofrecía pocas posibilidades para dos licenciados de hispánicas especializados en José María Pemán (ole sus güevos), y en cartas de desafío medievales, por lo que hubo incluso de hacer de cobaya de laboratorio, uno de los experimentos le dejó secuelas en el cerebro y le abrió el camino hacia la escritura.

Destaco perla:

No sé qué hicimos, no sé cómo nos pusimos, pero el caso es que sin querer y por no derramar en ella, derramé sobre el códice del Mío Cid, concretamente la parte que decía:

Alegre es doña Ximena e sus fijas amas

e todas las otras dueñas que’s tienen por casadas

El autor organiza su alucinatoria y simbólica gang bang  con el ánimo de poner en evidencia y desenmascarar las sordideces de la universidad española, infectada de conspiraciones, delaciones, crímenes y falsas leyendas, disparando a discreción sus cum shots primero, y dejando manar después un denso y siniestro légamo blanco de equívocos, acusaciones y malentendidos embadurnando todos los estamentos de poder de la institución, en pugna de doctores por hacerse con el control de la universidad-industria-secta anuladora de voluntad nepotista y cainita.

Finalmente su amigo, Antonio Cifuentes, obtendrá la cátedra, y le pedirá que olvide y que se abstenga de escribir cualquier historia de corrupción sobre la universidad que ahora le reverencia, para entonces será demasiado tarde porque el escritor y amigo Antonio Orejudo ya tendrá un nuevo librito listo para firmar en la feria del libro llamado Un momento de descanso. Gaudeamus igitur…

“No vivimos sino por carencia de saber. Desde el momento en que sabemos, ya no nos abastecemos de nada más.”        -E.M.Cioran-

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2 pensamientos en “Un momento de descanso, Antonio Orejudo

  1. jonan

    ¿Y mno te has molestado en leer “Reconstrucción”, señor lobito? Pues entonces todo lo que has escrito sobre Orejudo es papel mojado…

    Responder

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