Una vida absolutamente maravillosa, Enrique Vila-Matas

NO DIGO que la escritura de Vila-Matas sea prostibularia, putiferina y follenesca no, pero es verdad que sus libros son una enorme casa de citas, entiéndase. Allí el autor se mueve con la desenvoltura de una vieja madame que muestra y ofrece sus productos con renovado entusiasmo a los clientes más leales y a los visitantes de aluvión. Esa celebración entusiasta del hallazgo anecdótico con molde ensayista-documental  fascina o repele, no obstante, es un enorme anzuelo de culturetas difícil de resistir y en él, más pronto que tarde, acaban picando todos los peces del río.

Este libro es una miscelánea de artículos y ensayos novelados que esclarece y regla el mundo creativo del escritor catalán, entreverando realidad y ficción y adelgazando hasta hacer indistinguible la frontera de los géneros literarios.

El título viene dado por un artículo en el que afirma tener como biblia personal y fuente de influencia en la vida y en la obra Conversaciones con Marcel Duchamp de Pierre Cabanne.

Los más socorridos asideros creativos de su narrativa están igualmente identificados en estos ensayos, en los que abundan la simulación biográfica, la reseña de viajes, la falsa entrevista, la conferencia, el dietario, la divagación teórica literaria, la evocación nostálgica de parajes y personas, y un ejercicio de admiración infinito hacia su nutrida fauna  libresca. Una carpintería sencilla y eficaz que le permite situar un punto de partida escueto y anecdótico que desarrolla seductoramente convirtiéndolo en una trama de ficción mínima anclada en personajes o situaciones reales.

“Prosa indefinidamente extensible, elástica, desprovista de esqueleto, prolongada a cháchara que esconde la ausencia de cualquier progreso.”

Así describe la prosa de otro refiriéndose a su misma prosa, o abreviando: “se hace estructura al andar.”

Sobre el origen de la vocación nos dice:

<<Yo no sería escritor de no haber leído “París era una fiesta” a los dieciocho años en ese mismo café de la Place de Saint Michel que él dijo que era estupendo para escribir.>>

Más adelante asegura que, en realidad, él lo que pretendía era ser libre y huir de las oficinas, y un día viendo La notte de Antonioni con Mastroianni haciendo de escritor y casado con Jean Moreau, lo tuvo claro.

A Vila-Matas le crecen los literatos en la prosa como a otros les florecen las metáforas, las hipérboles, o los calambures; “el literato consagrado” es su figura retórica más característica, se le meten de okupas en los textos y le fagocitan la literatura.

Este modo de hacer que consiste en traer a colación escritores y reinventar sus vidas y sus dichos me parece a mí un poco celestinesco y nos estimula a ser infieles, a que dejemos el libro y nos vayamos inmediatamente con otro, con Robert Walser por ejemplo, o con Witold Gomgrovicz,  que era un señor,  según dicen, bastante gracioso.

El envase ensayístico de su literatura lo utiliza para puntear su particular poética y su teoría narrativa, defendiéndola, como es natural, con denuedo y obstinación, y a veces también, con soterrada hostilidad ante lo que él considera inadmisible. El capítulo “Me llamo Tabucchi como todo el mundo” acaso sea el más concluyente: “… me han reprochado -como si hubiera cometido algún delito- por qué trabajo tanto con citas de autores. A esta pregunta mecánicamente les contesto que practico una literatura de investigación y que, como dice Juan Villoro, leo a los demás hasta volverlos otros. Afán de apropiación que incluye mi propia parodia.”

“He buscado siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces.”

“No nos engañemos: escribimos siempre después de otros…”

“La invasión en mis textos de citas literarias totalmente inventadas, que se mezclan con las verdaderas es un intento de modificar ligeramente el estilo, tal vez porque hace ya tiempo que pienso que en novela todo es cuestión de estilo.”

“Hay que ir hacia una literatura acorde con el espíritu del tiempo, una literatura mixta, mestiza, donde los límites se confundan y la realidad pueda bailar en la frontera con lo ficticio, y el ritmo borre esa frontera. De un tiempo a esta parte yo quiero ser extranjero siempre.” (El discurso de Caracas)

Lo absolutamente rechazable en novela según nuestro hombre, son las novelas escritas por poetas a base de prosa poética. En cambio, la gran literatura, afirma, mantiene la cercanía con los grandes ventanales de la poesía, su gran espectro, su aliento y su emoción. “En Grand Central Station me senté y lloré” de Elizabeth Smarth, ve el origen de su obsesivo procedimiento, al ser la novela pionera en convertir el texto en un máquina de citas literarias que ayudan a crear sentidos diferentes.

Julian Barnes:

“¿Qué pasa si echamos una mirada hacia atrás y no hallamos ninguna herida útil, ninguna cicatriz psicológica, ningún estímulo temprano para la fiereza de la vida imaginativa? ¿Significa eso que no podemos ser escritores? Por fortuna, no. Significa que somos una clase distinta de escritores.

¿Se puede ser vanguardista todo el tiempo sin convertirse uno en vanguardia? Sí, eso se llama estilo, la reiteración machacona y estragante de la forma.

Enrique Vila-Matas hace muchos años que encontró su estilo, la voz que le correspondía en la literatura y un sitio privilegiado e inaccesible para casi todos los demás. En su afán por distinguirse y desmarcarse del “yo” pertinaz que encadena y fustiga sin piedad ha nadado a contracorriente buscando la orilla gloriosa de la originalidad, puede que haya quedado exhausto (tal vez no) y que sus indagaciones futuras ya no sean más que una triste coda a esa portentosa culminación que es Doctor Pasavento y como él o la caligrafía de Walser, haya conseguido al fin disminuirse, adelgazarse hasta hacerse desaparecer y que lo dejen tranquilo de una vez. Queriendo literaturizar la vida ha terminado por literaturizar la literatura, que es muy hermoso y más peligroso, porque irremisiblemente el instinto carnívoro por engullirlo todo que ésta tiene se convierte a la larga en una inclinación caníbal que se devora primero a sí misma y se repite y se repite y se repite hasta convertirnos sin apenas darnos cuenta, o dándonos, en un Jack Torrance cualquiera.

“Si nos sentimos no acosados por nuestra infancia quizá estemos en una situación liberadora, nuestro caudal imaginativo versará sobre el mundo, más que sobre el yo.”

“Acabar vomitando nuestra infancia. Tal vez tan sólo es cuestión de tiempo.”

“Heidegger y Céline…, dos esclavos de su lenguaje, hasta el punto que para ellos liberarse de él equivaldría a desaparecer. Esclavizarse del estilo propio, algo así como entre una necesidad, un juego, y una impostura. ¿Cómo desenredar la parte de cada uno de estos elementos? Se diría que el fenómeno primordial es la necesidad. Es lo que absuelve a los maniáticos de su lenguaje.”      -E.M.Cioran-

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s