La larga marcha, Rafael Chirbes

LA LARGA MARCHA es la novela de formación de Rafael Chirbes, que es un señor que escribe bien pero dicen que lo leen poco. Las novelas de formación o generativas son aquellas capaces de fundar una dinastía o enterrar para siempre a un escritor. Arriesgarse a escribir una novela de formación y decirlo es un gesto de gran valentía que no se valora lo suficiente, porque una novela de formación, aunque no sea la primera, es la declaración de intenciones del escribidor, la puesta de largo donde se enseña la hechura al ojo escrutador del público, y equivale a debutar sin caballos en Peñaflor, que no basta con estar bien sino que hay que arrancar las orejas como sea para tener la posibilidad de que te repitan o te pongan en Villarcayo al domingo siguiente. Algunos debutan y se retiran la misma tarde al descubrir que, más que la sorna de los tendidos y el desprecio de los críticos, lo que ocurre es que no tienen afición. Sin talento y sin valor se puede funcionar, pero sin afición no hay tutía. Chirbes tiene talento, valor y afición, y el que no lo lea que se joda.

La larga marcha es una novela mosaico donde pequeñas imágenes dispuestas adecuadamente ofrecen una visión general, amplia y completa de una imagen mayor. Formar un mosaico no es fácil y es distinto a montar un puzle. Las teselas del mosaico poseen peso y volumen, su elaboración debe ser escrupulosa (cocción, amasado, pintura, esmalte…), y la colocación geométricamente precisa. Un puzle, sin embargo, es una imagen ya hecha que se desmonta y se vuelve a montar pacientemente sin necesidad de mucha destreza, siendo el resultado plano y superficial. Chirbes ha conseguido formar un bello y valioso mosaico de un paisaje conocido saliéndose del academicismo doctrinario que caracteriza toda la novelística española sobre posguerra y resistencia antifranquista.

Las numerosas piezas destacan por su eficacia formal más que por su preciosismo, fragmentos o capítulos que asemejan a postales costumbristas donde se nos va dosificando la información, comúnmente de una familia, rural o no, adscrita a uno de los dos bandos surgidos tras la guerra civil: vencedores y vencidos. Progresivamente la información irá aumentando descubriéndonos un esbozo tibio de las circunstancias vitales de cada familia durante la posguerra, el hábitat, el modo de subsistencia y la presentación de los vástagos. Las postales se irán intercalando haciendo avanzar cronológicamente la historia a un ritmo cadencioso, sin tirones. De la vida de los padres, la emigración a la capital, los temores e insatisfacciones propios, se pasará a la historia de los hijos, el desarrollo escolar, el desarraigo, las primeras amistades, el paso a la madurez, la universidad, los primeros trabajos, los devaneos amorosos, los furtivos y pacatos folleteos, las frigideces y las mariconerías, todo sumergido en un opresivo hálito de clandestinidad y furtivismo en una ciudad, Madrid, primitiva y hostil, gris como la policía. Mediada la novela, los argumentos independientes e inconexos empiezan a converger hacia una desembocadura común, los hijos de las disímiles familias irán agrupándose en torno a la universidad, en las facultades estrecharán sus relaciones fortuitas, compartirán pisos, pensiones, cineclubs, bibliotecas, y en definitiva: militarán. Militarán en cualquier cosa opuesta a Franco.

“Había conocido a Carmelo Amado –con quien ahora compartía piso- en la Casa de Brasil, cuando los dos estudiaban preuniversitario. Se habían puesto a charlar al final de la proyección de El séptimo sello, enzarzándose en una larga discusión, porque Carmelo encontró terriblemente pesimista la película, mientras que a él le pareció un alegre canto al carpe diem, una invitación a beber con avidez cada día de la vida.”

Esta gran novela, tiene indefectiblemente una amplísima entraña política, que no se hace reiterativa ni llega a incordiarnos coñonamente como muchas otras que siguen la misma linde porque esencialmente es una novela honesta, escrita con una inusual honradez, sincera y profunda, ambiciosa por la extensión de campo que quiere acotar, nada menos que dos generaciones en dos disyuntivas temibles: la generación de los vencidos que hubo de resignarse a abandonar cualquier ideal anterior para poder sobrevivir y que envejeció y murió todavía asustada, y la descendencia de estos, envalentonados quizá por la ingenuidad y el ansia juvenil de libertad que pedía a gritos sacudirse el peso atroz de la herencia franquista.

“…se besaban y Antonio se apretaba contra el cuerpo de Helena y se frotaba y le pedía por favor que al menos le dejase meter sus dedos bajo la tela de las bragas y la mordía los labios y le metía la lengua en la boca, pero le decía que no, que aquello todavía no, que necesitaba hacerse el ánimo.”

A Chirbes hay que leerle porque tiene cosas que decir y sabe decirlas, hay que leerle en las novelas y los ensayos y no tanto en ese crematorio falaz que es la televisión.

“No estás “muerto” cuando dejas de amar, sino de odiar. El odio conserva.”   -E.M.Cioran-

Anuncios

Un pensamiento en “La larga marcha, Rafael Chirbes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s