Acceso no autorizado, Belén Gopegui


UN DETERMINISMO aciago dirige la política española. El poder abrasa el alma pero el fuego lo prende el dinero. La historia de los gobiernos del Partido Socialista en España desde 1982 hasta hoy, es una vieja historia de amor y de odio, de infidelidad y frustración, de quiero y no puedo, de puedo y no quiero, o de no quiero querer directamente. La traición a las siglas y la deslealtad infame de los dirigentes a sus votantes es el ovillo que desmadeja sutilmente Gopegui en este libro. Para ello se basta de pocos personajes, algunos ficticios y otros reconocibles líderes del Partido Socialista actual. Julia, la protagonista, se corresponde con María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta primera del gobierno, y Álvaro, un taimado y maquiavélico ministro de interior al que no parece descabellado bautizarle como Alfredo Pérez Rubalcaba.

Julia es una mujer que se va arrimando mansamente a una vejez burguesa manteniéndose en la cúspide de su carrera y de la jerarquía política del país, pero un aura de insatisfacción personal le nimba el perfil público y le llena de desamparo y soledad las noches privadas. Inesperadamente, un hacker logra colarse en su ordenador portátil, superado el estupor y la desconfianza inicial, se irá estrechando una relación virtual y furtiva entre ellos basada en escuetas confidencias personales y favores políticos esporádicos.

El hacker buscado, utilizado y apaleado después, es la historia subsumida del texto. El individuo discreto y secreto, solitario e introvertido, que prefiere el comando de texto incomprensible y la pantalla oscura a la frondosidad abigarrada del google y la simplicidad del clic de ratón. La voz de la clandestinidad moderna, del que busca las puertas de atrás y el anonimato huyendo de las aglomeraciones y los focos casa muy bien con el retrato manifiesto de esa otra soledad del poder que siente la vicepresidenta. Los retos del hacker son personales, esfuerzo y talento para desentrañar el código, burlar la vigilancia, destripar la cerradura, y entrar y salir sin dejar huellas, una analogía inversa del abrevadero político y financiero, sucio y enfangado, con las pezuñas marcadas por las alfombras de los salones y las recepciones.

En el cenagal hediondo de la crisis financiera internacional España naufraga, Zapatero escoge arrimarse a la borda de los yates de gran eslora a ver si el rebufo le saca a flote, pero es una gran mentira, una impostura y una traición. Zapatero se arrodilla ante los banqueros como lo hacía Aznar ante Bush, de genuflexión en genuflexión el espinazo del país se tronza hacia la derecha, enderezarlo ahora es una quimera, España está inválida y la ley de dependencia hace aguas.

Una red de teléfonos sombra estratégicamente intervenidos por financieros sin escrúpulos con la aquiescencia de altos cargos, el ministro de interior entre ellos, vigila cada movimiento, cada conversación no autorizada de los miembros del partido, los asesores, los consejeros, todos los que puedan llegar a tener capacidad de influir en algún pez gordo. Los díscolos con los intereses particulares de la banca están señalados y condenados. Julia es una de ellas. En un acto último de dignidad consigo misma intentará sondear entre las bases la posibilidad de no entregar las cajas de ahorros a los bancos, será en vano, el presidente la desautorizará y pondrá su cabeza sobre una bandeja. En su despedida leerá un pequeño manifiesto de lo que debió ser y no fue: Dicen que los cambios tecnológicos, la red, contribuyen a que desparezca la intimidad, pero más bien parece que es lo íntimo lo que gana terreno y es lo público lo que empieza a desaparecer.

 Hay, dijo alguien, una diferencia entre creerte, incluso estar en la obligación de creerte, tus razones, e imaginar que te las crees, este gobierno solo imagina que las cree, cuando lo imagina, a veces solo hay cinismo.

-No me digas que alguna vez en tu vida de político has tenido la certeza de estar fijando el rumbo. Mejoritas, reparar esa astilla de madera que ha saltado en la cubierta, cambiar el catering de una parte de la tripulación. Eso en el mejor de los casos.

-Si tuvieras razón, seríamos inocentes.

-Ni inocentes ni culpables, corazones que desbroza el temporal, carnes de cañón (canta suave a Sabina la vicepresidenta)

Novela alegato, política y visceral, escrita sin artificios ni adornos, un paso más en ese camino hacia la desnudez simplificada en la que Belén Gopegui se desenvuelve eficazmente. Desarmando la prosa de retórica huera debe de quedar únicamente el mensaje. El mensaje aquí es la traición, el juego sucio y la violencia de un partido que sigue cumpliendo a rajatabla el primer mandamiento político: defraudar. A todos y así mismo. ¿Cabe la duda de que alguna vez no defrauden nuestra confianza? Eso compete más a la ingenuidad y linda con la esperanza, otra pseudociencia, como la economía.

Literaturizar la política o el dinero no es posible porque en la literatura no caben esas cosas, Gopegui lo sabe y no hace literatura, escribe, que no es lo mismo, a la pata la llana, algo muy difícil de hacer bien, y consiste en quitarte tú  para que se vea lo que quieres decir bien clarito. El materialismo morfo-sintáctico, que no pierde de vista en ningún momento al histórico, de Belén Gopegui, es un luminoso hito en la narrativa actual, la búsqueda común de un mundo no autorizado y necesario.

“Ciertos pueblos, como el ruso y el español, están tan obsesionados por sí mismos que se erigen en único problema: su desarrollo, en todo punto singular, les obliga a replegarse sobre su serie de anomalías, sobre el milagro o insignificancia de su suerte.”    -E.M.Cioran-

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