El alma del controlador aéreo, Justo Navarro

TIENE SIMILITUDES creo, esta novela multitud de veces postergada que me decidí a leer de un tirón ayer después de verla arrumbada debajo de una pila de libros que esperan silenciosos, con la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos. La compré hace unos años por 6€ en una feria de libros viejos y usados, me gustan las ediciones de Círculo de Lectores porque son siempre superiores a la original, con tapas duras géltex y sobrecubierta, un tamaño de letra idóneo y una calidad de papel buena.

El alma del controlador aéreo digo, me ha remitido en ciertas ocasiones a Los enamoramientos, monólogo en primera persona y digresiones que alteran y embarullan la unidad de la trama, exigua por otra parte, desconcertando al lector. Es una novela breve, intimista y con una marcada querencia lírica que a mí me ha parecido que habla sobre los límites del conocimiento a través de la memoria, lo que vivimos y lo que creemos haber vivido, lo que sabemos, lo que podemos saber o lo que creemos que sabemos, o lo que creemos que podemos llegar a saber, no sé, algo de esto o así, como si Justo Navarro se hubiera acordado de pronto antes de empezar a escribir la novela que no había leído todavía La crítica de la razón pura y que debía hacerlo.

El entierro de un primo es la excusa para que el narrador vuelva a Granada, su ciudad natal, y se reencuentre con su madre después de varios años de alejamiento. Por allí aparecen unos personajes que al amparo de las viejas calles de la ciudad le evocarán su juventud. El asesinato sin resolver de su hermana y su primo, su historia familiar y su gran amor, Dominique, mujer de su primo recién fallecido, además de un viaje iniciático a Manchester, escarceos juveniles contra la dictadura de Franco y todo entreverado de alusiones a su profesión de controlador aéreo, o sea, responsable de muchas vidas, espectador anónimo de un devenir impreciso.

Parece decirnos que el recuerdo cambia los hechos, y el pasado se nos presenta más como posibilidad que como certeza, este entrelazar presente y memoria produce inestabilidad en el conjunto, pero le pone una interesante y sugestiva ambigüedad a la atmósfera claustrofóbicamente provinciana de Granada, para sortear este inconveniente el narrador nos hace saber que aprovechando los descuentos de los que se beneficia en su trabajo (no sabemos bien aquí, si es que un controlador aéreo no se puede permitir viajar sin descuentos) vuela a multitud de ciudades de Europa así que tiene un cuarto de hora libre. En esas ciudades, solo o con su amante Dominique, suponemos que fornica o se reinventa el futuro que luego nos contará en pasado para terminar de hacernos la picha un lío y no saber a ciencia cierta si se follaba a la mujer de su primo o sólo es que deseaba follársela, que no es lo mismo.

Y con estas cañas se va tejiendo un cesto en el que no sabemos si poner los huevos porque no estamos seguros de que sea real. Pasado corregido o presente conspicuo no sé. Armoniosamente dicho casi todo echa su cuarto a espadas a ese género que es el memorialismo familiar sentimental nostálgico digresivo que tan buenos frutos ha dado allí en Granada, cantera de narradores y poetas de raza.

“Soy como esas viejas maniáticas que ven en todo desconocido un asesino.”     -E.M.Cioran-




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