Libro de los muertos, Elías Canetti

La obra de Canetti es un iceberg. No digo que me deje frío, sino que lo más gordo está oculto.

De las dos o tres carretillas de legajos arrumbados, inconclusos e ilegibles, que se almacenan en la Biblioteca Central de Zúrich, sus herederos y biógrafos van extrayendo y dosificando la veta y dejando el tocino duro e indigerible, las páginas estenografiadas, para cuando la necesidad sea más acuciante.

Los editores alemanes, nos cuentan en el prólogo del último embutido los muchachos de Galaxia Gutenberg, tuvieron la honestidad de suspender la edición lista para la imprenta, al descubrir a última hora nuevos documentos que iban a ofrecer una visión más amplia y veraz del proyecto inacabado de Canetti sobre su gran obsesión, la muerte, madeja grande con la que hilar muy fino que se le fue enredando en el ánimo hasta que ya no supo qué hacer con ella. Naturalmente, el hallazgo tardará en ser estudiado, y una vez traducido, habrá que valorar la pertinencia de incluirlos (que será que sí, aquí no se tira nada) en la futura edición. Los editores españoles se han pasado por el forro las honestas maneras de sus colegas alemanes y han dicho que p’alante, que se publica, y lo han publicado sin ningún pudor.

El librillo en cuestión, que no es tal, son un par de pliegos (¿cuántas hojas contiene un pliego?), semejante en grosor a esa antigua hoja del lunes que se publicaba en los tiempos en  que lo único que importaba saber el primer día de la semana eran los resultados del fútbol (poco ha cambiado la cosa), lleva el pretencioso título de <<Libro de los muertos>>. Pero si uno quita el desvergonzado prólogo y las notas a la edición, más que en <<Libro de los muertos>>, se nos queda en una esquela. Una raquítica y escueta esquela, con el nombre del difunto en negrita, la edad, la dirección del tanatorio, y el recen una oración por su alma ruegan sus deudos.

Unas cuantas citas, esbozos de apuntes, alguna ocurrencia, entradas de un diario sentimental con sus allegados muertos, anotaciones en inglés, desavenencias consigo mismo, aforismos más o menos conseguidos, pensamientos apodícticos, resoluciones, recortes, vislumbres en suma de un atisbo de proyecto, o, ni eso, menos. Todo a doble o triple espacio para llenar más hueco y con letra bien gorda. La cascarilla de arroz que el trabajo y el talento de un gran escritor, pasados los años, pudiera haber transformado en la argamasa de un ensayo. Pero, sólo es eso, o menos.

Se muere con demasiada facilidad. Morir debería ser mucho más difícil.

Ya no se tiene medida para nada, desde que la vida del hombre ya no es la medida.

Cargar con el insoportable peso. No eliminar nada negándolo. No alejarnos a saltitos.

Ataúdes, ataúdes, el jamás superará el oprobio de los ataúdes.

En este plan casi todo.

Para el autor de esa rotunda y monumental construcción que es <<Masa y poder>>, su inalcanzable altura de miras y los innumerables materiales que forman su arquitectura, obra capital del S. XX donde, esencialmente, se diseca el malestar del hombre convertido en estrategia de autodefensa, la publicación de este libelo debe de ser humillante. Allí adonde haya ido a parar se le estará llenando el alma y lo demás de una virulenta erisipela.

A vueltas estamos, otra vez, con los herederos, más dados a seguir exprimiendo el cítrico que a fomentar y conservar rigurosamente la memoria y la obra de sus ilustres.

Pienso en lo que pensaría Peter Kein, el protagonista de <<Auto de fe>>, aquel que buscaba la salvación en la muerte, esperando que su futuro llegara lo antes posible, porque vivir en el presente es doloroso, mientras que, en el futuro, toda la dolorosa vida, ya habrá pasado. Pues bien Sr. Kein, el futuro ya ha llegado y sigue siendo una puta mierda, igual que el pasado.

“Después de una larga intimidad con la duda, llegas a una forma particular de orgullo: no te consideras más dotado que los otros, sino sólo menos ingenuo que ellos. De nada sirve que sepas que tal o cual está dotado de facultades o conocimientos en comparación con los cuales los tuyos apenas cuentan: todo será inútil, lo consideras como alguien que, inepto para lo esencial, se ha enredado en lo fútil.” -E.M.Cioran-


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