La contravida II, Philip Roth

Lo peor que le pasa al hermano de Zuckerman después de operarse no es que muera, pasarán bastantes meses antes de eso. Con un ardid demiúrgico el viejo Roth tornará la recuperada virilidad del personaje en anhelo judaico, llevándolo en vuelo regular sin escalas desde Jersey hasta un tabuco de Hebrón. Allá, en el corazón de las tinieblas, el desnortado hermano avivará la llama de su judeidad escindida y renunciará a Wendy fellatio, a su esposa y a sus hijos. Este renacerse en tierra prometida, ese sabotearse, como acertadamente lo llama su esposa, lleva a Zuckerman recién casado y residente en Londres hasta Judea, al asentamiento de matachines al que se ha adherido su hermano, para reconvenirlo por su inconsecuente iniquidad, su deserción de la vida civil próspera odontológica americana en pos de un enjuague patético.

Alzado el telón, dispuestos los decorados y con los personajes sobre las tablas, el público abarrotando palcos y platea se relame de placer ante lo que le espera. El viejo tahúr se trastoca, tira la pluma y saca el fórceps, se ajusta los guantes y dispuesta en la frente la luz de espeleólogo, empieza a hurgar las resonantes cavidades, las abiertas hendiduras, los hoyos rezumantes, las oquedades bulbosas del meollo con la saña y el empecinamiento descarnado de un cirujano deficiente. Nuestro obstetra del judaísmo mira el hueco desde todos los ángulos y pondera, celebra, enmaraña, aplica, diverge, suma, esputa, otorga, advierte, asiente, hiede, pero no saja, deja el feto malquistado.

Y así voy y me digo que toda la urdimbre es una farsa para dar pie a decir lo que sabe, y no lo que piensa, de todo lo judío. Cortándose o dejándose los “payess” a conveniencia, pero advirtiendo también con Chéjov que, <<una pistola que aparece colgando de la pared en el primer acto ha de entrar en funcionamiento en el tercero>>. Y desciñéndose: <<lo mismo que París, Israel es uno de esos sitios que como mejor se conocen es no habiendo estado nunca>>

No obstante, hay más, porque la solapa de la edición de bolsillo que manejo así lo dice. Y espero todavía la otra historia anunciada. La de las renuncias y la renovación y la huida que cambia el destino irreversible. Yo sigo confiando en el mágico aprendiz aunque él ya no confíe demasiado en nosotros, y hace bien, qué cojones. Me lo dice mi filacteria del brazo zurdo.

“La salvación sólo es posible mediante la imitación del silencio. Pero nuestra locuacidad es prenatal. Raza de charlatanes, de espermatozoides verbosos, estamos químicamente ligados a la palabra.” -E.M.Cioran-

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s