¡Hamlet, venganza! Michael Innes

<<La novela supone un trabajo de lima más delicado. Evita las definiciones demasiado precisas, a menos que sean funcionalmente necesarias como “frío-caliente”. El melodrama trabaja con definiciones vulgares: “felpudo de baño”, por ejemplo.>>  –Michael Innes, ¡Hamlet, venganza!-

ENTRE LOS ESCRITORES míos de novela felpudo, la serie del detective Appleby y el profesor Innes tienen un altar. Recurro a la novela con muerto cuando hace la calor porque el calor embota, achata las entendederas y necesito algo que me estimule las matrices y los centros sin dejar grumos ni reseco. Pero Michael Innes es un erudito y un esteta que escribe con regusto y poso, y sus libros se coagulan de personajes y razonamientos en una espesura de citas y clásicos que abruman tanto que te dejan tirado en la esterilla hecho unos zorros, hirviendo de furor aldeano y sin ganas de volver al chiringuito. No obstante, vuelves y pides otra caña, pensando en las representaciones teatrales durante el periodo isabelino, en un abigarrado proscenio tal vez, con un escenario superior anejo al principal para el desarrollo de escenas concomitantes y que oculta una trampilla para deslizarse furtivamente los actores y aparecer o desaparecer como por encantamiento. Y de la praxis teatral en Kenilworth, en el Ferney de Voltaire, el Coppet de madame Staël, Doddington bajo Foote, o la corte imperial rusa, o qué sé yo.

-¿Y qué le llevo a escribir novelas policíacas?

-Un impulso espiritual. Un esfuerzo por compensar con unas pocas horas de distracción muchas horas e aburrimiento.   –Michael Innes, ¡Hamlet, venganza!-

¡Hamlet, venganza!, empieza sin las urgencias clásicas de este género, es decir, no nos enseña al muerto antes que a los vivos, ni el investigador se muere de ganas de copar la escena principal, al contrario, el desarrollo es minucioso, detallista, introspectivo, enrevesado y confuso, y si esto no nos hubiera desalentado y somos capaces de seguir el hilo de la narración, confundido con las divagaciones de los múltiples protagonistas, las conclusiones son igualmente equívocas, se desdice, reformula, deja multitud de cabos sueltos para retomarlos después, detalles que se nos olvidaron resultan cruciales, y otros que nos parecieron significativos no importan un pijo después. Aquí el festín es racional, empírico, sugestivamente analítico y exquisitamente caprichoso a veces. Se provee de la psicología necesaria para confundirnos y confundir a sus personajes, a él mismo, caracterizado de un erudito profesor que escribe novelas de misterio y que lleva gran parte del peso de la investigación esquinando al policía titular. Por enrevesar más las disquisiciones, se detiene a un inocente después de hacernos creer concienzudamente que es el malo. Una orgía especulativa de encuentros y desencuentros contada con prosa culta, frase larga subordinada y pensamiento en el interior. Un género inferior dicho por una inteligencia superior como un desquite, un ejercicio de psicologismo literario con tramoya de altos vuelos.

¡Hamlet, venganza! describe la reunión cultural celebrada en una mansión de la aristocracia de la campiña londinense a propósito de una representación genuina del Hamlet de Shakespeare. Por capricho de la duquesa allí se dan cita altos cargos políticos, profesores y académicos, intelectuales, doctores, médicos, psicólogos, burgueses foráneos y burgueses nativos, actores profesionales, exóticos eruditos, científicos lingüistas, pintores, mayordomos, jardineros, chóferes, primeros ministros, sargentos,  ladrones, robaperas y espías rusos. Una zahúrda multicultural hecha venir por mandato de la duquesa para interpretar un Hamlet al más puro estilo isabelino. El director de la obra será el ilustrísimo profesor Gott, que además de ser experto en literatura inglesa escribe novelas de policías y es el alter ego del autor. En el segundo acto de la obra, Hamlet apuñala al taimado Polonio, que se esconde tras los cortinones de la habitación de la reina. Además del grito de socorro del actor interpretando, se oye un disparo, la muerte ficticia y la real confluyen, el consejero del rey muere y con él Auldearn, lord canciller.

El detective John Appleby es trasladado urgentemente a instancias del primer ministro hasta la mansión de Scamnum, lugar de los hechos. Antes es informado del trascendente documento secreto que tenía en su poder el canciller asesinado. Por ahí se va enhebrando la historia. Pero antes del primer crimen, vendrán algunos más, Innes se deleita en alardes culturetas sutiles, alusiones a Fielding, Meredith, pintores como Murillo, EL Greco, Fantin-Latour, versos de Coleridge, Tennyson, erudición botánica, paisajística, literaria, psicológica, fonológica y un sinfín más de saberes reunidos en esa mansión de próceres ociosos o semiocupados para disfrutar de un Hamlet muy particular.

Visiones particulares de la venganza diferida, pospuesta, retrasada, al socaire del modo de actuar de Hamlet. Asesinato imbricado en la misma estructura del drama o asesinato aleatorio, móvil, cómplices, armas, desarrollo, ejecución, desenlace. Excelente y compleja ¡Hamlet, venganza! novela con muerto que nutre como una ración de entradas de la Encyclopædia Britannica.

“Es la falta de amargura perezosa la que hace de los hombres bestias sectarias: los crímenes más matizados tanto como los más groseros son perpetrados por los que se toman las cosas en serio. Sólo el diletante no tiene gusto por la sangre, sólo él no es criminal.”      -E.M.Cioran-

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